martes, 26 de agosto de 2008

La gente que me gusta.- Mario Benedetti.


Primero que todo


Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado.

Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.

Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.

Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo, entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables.

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.

Me gusta la gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente; a éstos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no fallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente que trabaja por resultados.

Con gente como esa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.
Otro poema que me encanta, recientemente he desarrollado una fijación en los poemas de este escritor... espero que le guste... :D

domingo, 24 de agosto de 2008

Hagamos Un Trato.- Mario Benedetti



Cuando sientas tu herida sangrar, cuando sientas tu voz sollozar, cuenta conmigo (de una canción de Carlos Puebla).

Compañera usted sabe
que puede contar conmigo
no hasta dos o hasta diez
sino contar conmigo

si alguna vez advierte que la miro a los ojos
y una veta de amor reconoce en los míos
no alerte sus fusiles ni piense qué delirio
a pesar de la veta o tal vez porque existe
usted puede contar conmigo

si otras veces me encuentra huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar conmigo
pero hagamos un trato
yo quisiera contar con usted
es tan lindo saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir
contar aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda presurosa en mi auxilio
sino para saber a ciencia cierta
que usted sabe
que puede contar conmigo.
Les dejo este poema, es uno de mis favoritos ya que habla acerca de alguien en quien podemos apoyarnos independientemente de la situación. Existen personas en mi vida con las que puedo contar y a ellas les agradezco y les digo que pueden contar conmigo no hasta dos, no hasta diez, sino contar conmigo.


Déjalo ir....


"If you love somebody, let them go,
for if they return,
they were always yours.
And if they don't,
they never were. "~ Kahlil Gibran
"Déjalo ir, déjalo que se pierda, que se lo lleve el viento."

En ocasiones la vida nos pone por delante pruebas en las cuales diferentes circustancias y factores como el tiempo, la distancia o incluso la convivencia sirven para probar los vínculos que nos unen a otras personas. A menudo es difícil enfrentar estas situaciones ya que una vez conocemos a alguien tendemos, de una u otra forma, a aferrarnos a ese nuevo sentimiento. Cuando algo ocurre y nos separamos de alguien especial para nosotros pueden ocurrir dos cosas. Una es que los lazos que compartimos con esa persona se fortalecen y podemos tener la certeza que resisitirán muchas otras situaciones difíciles (de ahí la frase anterior, que en español sería algo como: si amas a alguien, déjalo ir, si regresa es porque siempre fue tuyo y si no es porque nunca lo fue). La otra es que esos lazos que pensabamos eran fuertes se debilitan y terminan por desaparecer.

Estas pruebas a los sentimientos sin duda son duras y difíciles de superar pero a veces necesarias para entendernos y entender a los demás. Recordemos que dicen que nada dura para siempre, y aunque esto cause dolor, talvéz sea la única forma de transformarnos.

lunes, 28 de julio de 2008

La nube y la duna... Paulo Coelho.


Una jóven nube nació en medio de una gran tempestad en el mar Mediterráneo, pero ni siquiera tuvo tiempo de crecer allí; un viento fuerte empujó todas las nubes en dirección a África.

En cuanto llegaron al continente, el clima cambió: un sol generoso brillaba en el cielo y debajo se extendía la arena dorada del desierto del Sahara. El viento siguió empujándolas en dirección de los bosques del Sur, ya que en el desierto casi no llueve.

-¿Qué haces? - se quejó el viento-. ¡El desierto es todo igual! ¡Vuelve a la formación y vamos hasta el centro del África, donde hay montañas y árboles deslumbrantes!

Pero la joven nube, rebelde por naturaleza, no obedeció: poco a poco, fue bajando de altitud hasta conseguir planear, con una brisa suave, generosa, cerca de las arenas doradas. Después de mucho pasear, advirtió que una de las dunas le estaba sonriendo.

Vió que también era joven, recién formada por el viento que acababa de pasar. Al instante, se enamoró de su dorada cabellera.

-Buenos días- dijo-. ¿Cómo es la vida ahí abajo?

-Tengo la compañía de las otras dunas, del sol, del viento y de las caravanas que de vez en cuando pasan por aquí. A veces hace mucho calor, pero se puede soportar. ¿Y cómo es vivir ahí arriba?
-También existe el viento y el sol, pero la ventaja es que puedo pasear por el cielo y conocer muchas cosas.

-Para mí la vida es corta- dijo la duna-. Cuando el viento vuelva de los bosques desapareceré.

-¿Y eso te entristece?

-Me da la impresión que no sirvo para nada.

-Yo también siento lo mismo. En cuanto pase un nuevo viento, iré al Sur y me transformaré en lluvia; ahora bien, ese es mi destino.

La duna vaciló un poco, pero acabó diciendo:

-¿Sabes que aquí, en el desierto, llamamos a la lluvia Paraíso?

-Yo no sabía que podía transformarme en algo tan importante- dijo la nube, orgullosa.

-Ya he oído varias leyendas contadas por viejas dunas. Dicen que, después de la lluvia, quedamos cubiertas de hierbas y flores, pero yo nunca sabré lo que es eso. porque en el desierto llueve muy raras veces.

Entonces le tocó a la nube quedarse vacilante, pero enseguida volvió a mostrar su amplia sonrisa:

-Si quieres pueso cubrirte de lluvia. Aunque acabo de llegar, estoy anamorada de ti y me gustaría quedarme aquí para siempre.

-Cuando te he visto por primera vez en el cielo, también yo me he enamorado-, pero, si transformas tu linda cabellera blanca en lluvia, acabarás muriendo.

-EL AMOR NUNCA MUERE- dijo la nube-, SINO QUE SE TRANSFORMA y yo quuiero mostrarte el paraíso.

Y empezó a acariciar a la duna con pequeás gotas; así permanecieron juntas por mucho tiempo hasta que apareció un arcoiris.

El día siguiente, la pequeña duna estaba cubierta de flores. Otras nubes que pasaban en dirección de África creían que allí estaba el bosque que iban buscando y soltaban más lluvia. Veinte años después, la duna se había transformado en un oasis, que refrescaba a los viajeros con la sombra de sus árboles.

Y TODO PORQUE UN DÍA UNA NUBE ENAMORADA NO TUVO MIEDO DE DAR SU VIDA POR AMOR...

lunes, 21 de julio de 2008

Carta al corazón- Anónimo...


Corazón mío: jamás te condenaré, te criticaré o sentiré vergüenza de tus palabras.
Sé que eres una criatura querida de Dios, y que Él te guarda en medio de una luz radiante y amorosa.

Confío en tí, corazón mío. Estoy de tu lado, siempre pediré bendiciones en mis oraciones, siempre pediré para que encuentres la ayuda y el apoyo que necesitas.
Confío en tu amor, corazón mío. Confío en que compartirás este amor con quien lo merezca o lo necesite. Que mi camino sea tu camino.

Y te pido: confía en mí. Que sepas que te amo, y que procuro darte la libertad necesaria para que continúes latiendo con alegría en mi pecho. Haré todo lo que esté a mi alcance para que jamás te sientas incómodo con mi presencia a tu alrededor.

jueves, 17 de julio de 2008

Epitafio para aquel que ha llegado...



No vayas a mi tumba y llores
Pues no estoy ahí.
Yo no duermo.
Soy un millar de vientos que soplan,
el brillo de un diamante en la nieve,
la luz del sol sobre el grano maduro,
la suave lluvia de verano.
En el silencio delicado del amanecer
soy un ave rápida en vuelo.
No vayas a mi tumba y llores,
no estoy ahí,
yo no morí.
-Indio Americano Anónimo.